Revista Communities, otoño 2009

Construyendo el hogar
El hogar no es solamente un lugar
Siempre consideré Foxboro, Massachusetts mi hogar. Después de todo, Foxboro me crió. Ahí asistí a la escuela primaria, edité The Fox en el colegio de Foxboro, recibí mi carta de aceptación a la universidad, observé a los Patriotas de Nueva Inglaterra practicar detrás del viejo hospital de salud mental, y dormí cada noche con el zumbar de la fábrica de la Compañía de Foxboro.
Estando en la universidad, estudié biología en Costa Rica y me picó el bicho internacional. Me llevó a viajar a Honduras, Guatemala y ahora a Costa Rica, además de trabajar en países lejanos como Indonesia, África y Argentina. Sin embargo, a pesar de mi estadía, Foxboro debería seguir siendo mi hogar: mi madre vive ahí, mi licencia de conductor sigue diciendo “calle Baker”, y sigo siendo un fanático abnegado de los Patriotas, en las buenas y en las malas.
Mientras que la nostalgia continua produciéndome un cosquilleo cada vez que paso por el municipio de Foxboro, podría seguir llamando a Costa Rica mi hogar. Estudié biología ahí, formé parte del Cuerpo de Paz, me casé con una costarricense, mi hijo nació ahí, y vivimos en la casa de la familia de mi esposa (ahora nuestra casa) en Tres Ríos. Así que quizás Costa Rica es mi hogar.
O tal vez, no lo sea ninguno. Si el hogar no es donde vivimos sino como vivimos, entonces ofrezco una tercera opción. Primero, consideremos que Foxboro y Tres Ríos son suburbios. Necesitamos autos para trasladarnos en ambos lugares, y la mayoría de la gente vive en un aislamiento relativo. Me refiero a “aislamiento” en el sentido que a pesar de conocer y ver muchos vecinos frecuentemente, no dependemos realmente de ellos. No dependemos de ellos para comer, transportarnos, educar nuestros niños, entretenernos, apoyarnos en finanzas, inclusive en seguridad (ahora no podemos dejar las puertas abiertas cuando no estamos en casa). No podemos depender de ellos cuando estamos enfermos, para ir a nuestros funerales o bodas. Ellos usualmente no reparan nuestros zapatos, arreglan nuestra ropa, o limpian nuestro calentador de aceite. Dependemos más de la municipalidad que de las personas que viven a un grito de nosotros. Mediante esta definición, el supermercado cercano es mejor vecino; mucho más la conexión de internet Verizon; y aún más las tiendas cerca del Estadio Gillette.
Muchas personas han estudiado el colapso de la comunidad estadounidense, especialmente en los suburbios (por ejemplo, el clásico de Robert Putman Bowling Alone), donde la vida en el suburbio frecuentemente excede la vida urbana en daños al ambiente, depresión, soledad, obesidad, y bueno, ir al boliche solo. Este estilo de vida creció de las semillas modernas de la autonomía, la movilidad (de ahí “auto-móvil”), y el individualismo. De este modo, cuando siento mariposas de felicidad al salir por la autopista I-95 de Foxboro después de un año fuera, me apego al lugar y no al estilo de vida.
De hecho, el único estilo de vida al cual me siento apegado nunca ha existido. Uno al cual mi familia y muchas otras aquí en Costa Rica trabajan para crear. Este estilo de vida, el cual todavía no tiene ningún lugar físico asociado, está plasmado en una villa ecológica que ansiamos crear. Está es mi tercera opción para hogar.
Estalla el movimiento de comunidades intencionales
Una visión común, un conjunto de valores, y metas prestan a las comunidades su “intención.” Juntos, sus fundadores previeron, diseñaron, planearon, construyeron, y co-administraron estás comunidades. Podríamos decir que las comunidades, sin intención, nacieron de una salsa de intereses personales de promotores con fines de lucro, urbanistas de planta, proyectos gubernamentales de vivienda, o congregaciones de dueños al azar, cada uno de los cuales construye una casa en las mismas inmediaciones acorde a sus metas individuales, pocas, si alguna envuelve extender su familia para incluir vecinos cercanos o vivir en un estilo más ecológico y responsablemente social.
Nuestra eco-villa prevé una comunidad costarricense (pero también con extranjeros) que modele las mejores tecnologías ecológicas de bajo impacto como energía alternativa, agricultura sostenible, reciclaje, con los mejores métodos de construcción social como cultura intencionalmente diseñada, resolución de conflictos, gobierno basado en consensos, y una distribución equitativa del poder. Utiliza la mejor comunicación, alcance y técnicas de entrenamiento en América Latina y así las comunidades costarricenses, tanto urbanas como rurales, pueden encontrar relevancia, inspiración y guía en la implementación de sus propias capacidades para aprender y adaptarse en un mundo que cambia rápidamente. Hay más que conocer acerca de esto, por supuesto, así que visite www.querencia.co.cr.
Los ciudadanos construyen la comunidad que realmente desean
Pero no se esculpe una villa ecológica sólo a partir de nuestro material base de estándar social. Sin importar si en Foxboro o en Tres Ríos los vecinos esperan muy seguido que todos hagan algo por ellos, dependemos del gobierno para suplir nuestras necesidades básicas (agua, electricidad, seguridad), de Hollywood para tener nuestro paquete de entretenimiento, organizaciones sin fines de lucro para pelear por nuestras causas, y supermercados para preparar nuestros alimentos aún antes de haber decidido que comprar. Nos hemos convertido en naciones consumistas donde los productores no exponen sus opciones, nos bombardean con mensajes de mercadeo, y nosotros, a la vez, usualmente consumimos eso que nos produce un cosquilleo en el gusto.
Para crear una comunidad intencional, como ahora estoy comenzando a descubrir, requiere que sus miembros creen una comunidad, no que la consuman. Los fundadores deben prever un futuro que realmente quieran crear, organizar personas, y buscar un modo de superar el trazo de obstáculos que la realidad presenta realidad para llegar ahí. Aún no nos han mensajeado directamente las compañías de eco-villas, ni estilizado diferentes eco-aldeas para conocer nichos aún más pequeños en el mercado, de los cuales podamos elegir. Y con mi fructuosa experiencia en crear una villa ecológica, he descubierto el sudor de verdaderos ciudadanos.
Como Peter Block, asesor organizacional, dice: ser un ciudadano tiene poco que ver con votar, un acto consumista de escoger entre los productos competentes (campañas) en un mercado político (por lo tanto debemos votar). Ser un ciudadano no se trata de agruparse sólo cuando estamos hartos o amenazados por un desarrollo SPAN [sí, pero aquí no o en inglés NIMBY- not in my back yard] (aunque usualmente tenemos que hacerlo). Ser un ciudadano ciertamente no es solamente seguir leyes (definitivamente debemos hacer esto). Ser un ciudadano trata acerca de crear una sociedad en la que realmente queramos vivir. Algunas veces esto conlleva resistencia, la mayor parte de tiempo conlleva inspiración y una meticulosa creación. Alexis de Tocqueville, el gran emperador francés observador de la democracia estadounidense en los años 1820s y 30s, notó que, “la salud de una sociedad democrática puede medirse por la calidad de las funciones llevadas a cabo por particulares.”
Él también notó que, “Los ingleses suelen realizar grandes cosas por separado, mientras que los estadounidenses forman asociaciones para las empresas más pequeñas.” Está quizás sea la razón del porque los movimientos de comunidades intencionales prosperan en Estados Unidos.
El Hogar tenemos que crear
Ciertamente, mucha gente en Foxboro y en Tres Ríos participa en asociaciones que han producido ganancias admirables y de gran valor ciudadano para sus pueblos, yendo más allá de lo que pueda grabar en mi lápida de muerte. Yo todavía no veo un ciudadano al mirar el espejo, sólo lo veo cuando miro mis sueños. Y aún me doy cuenta que crear una comunidad con otros requiere mucha más energía, paciencia, inspiración, mente abierta, creatividad y especialmente persistencia, más que una sociedad consumista.
Entonces, visto de este modo, el hogar no es un lugar que nosotros heredamos—el hogar es un lugar que creamos.
Jon Kohl es un escritor que trata problemas sobre sostenibilidad y recursos naturales. También es miembro fundador de Querencia Costa Rica, en formación. Actualmente vive con su familia en Costa Rica. Para contactarlo o aprender más acerca de lo que ha escrito y sus experiencias, visite www.jonkohl.com.